Ensayo sobre el complejo* del coach y su demanda de herramientas


1. Introducción: El coaching como proceso de ayuda y la base del “complejo”

Según el DRAE, la sexta acepción (psicológica) del concepto “complejo” dice:

6. m. Psicol. Conjunto de ideas, emociones y tendencias generalmente reprimidas y asociadas a experiencias del sujeto, que perturban su comportamiento (destacado mio)

Cada vez es más notable el gran “complejo” que padecemos los coaches, y que se manifiesta en “comportamientos perturbadores” en el mercado.

El coaching como disciplina de ayuda, acompañamiento o apoyo a terceros, con el objetivo último de contribuir a la consecución de objetivos (siempre subjetivos, sean tangibles o intangibles) se centra principalmente en su actividad NO DIRECTIVA y/o NO INTERVENCIONISTAS de los propios esquemas, métodos, pensamientos o visiones de mundo del coachee.

Los coaches deberíamos comprender que en este comportamiento “no directivo”, y/o “no intervencionista” radica el gran aporte del coaching al mundo de las relaciones interpersonales de ayuda. Este punto elemental (y reiteradamente olvidado) es la base que permite construir el marco teórico sólido, coherente y distintivo frente a cualquier otro proceso de ayuda existente hasta el momento.

No se trata, como alegan muchos, de una mera cuestión teórico / filosófica, sino más bien de la base sobre la cual pivotará toda la práctica profesional. Ignorar este hecho frecuentemente deriva en dos comportamientos perturbadores (complejos): por un lado, el “complejo de inferioridad” (”no me siento a la altura de los otros profesionales de ayuda como los psicólogos, terapeutas, filósofos, consultores, asesores, etc“), y por otro lado, el “complejo de superioridad” (”siento que con mi profesión puedo hacer más y mejor que cualquier otro profesional“). Estas dos actitudes se deben, por lo tanto, a un problema teórico sobre el propio proceso de coaching, sus medios y fines.

2. La raíz del problema

El coach que no comprende esta realidad, y no trabaja con miras al desarrollo autonómico de la profesión, inmediatamente siente un complejo profesional al compararse con otros profesionales de la ayuda interpersonal. La realidad multidisciplinaria del coaching (no olvidemos que sus propios orígenes derivan de una gran variedad de prácticas y teorías) aporta una gran riqueza a la profesión, pero no es suficiente para determinar su identidad. La “mezcla” de teorías y herramientas profesionales no es suficiente si de ella no se desprende una distinción clara respecto de cada uno de los otros procesos de ayuda.

Nuestro “complejo” radica, por tanto, en que nos sentimos menos “armados” ante la gran variedad de objetivos y tipos de personas o empresas que solicitan nuestra ayuda, o bien, por el contrario, sentimos que esa “amalgama interdisciplinaria” nos hace superiores a cualquier otro profesional (que presuntamente derivaron en nuestra profesión). Los dos “complejos“, llevan al coach, desde su temprana formación, a reclamar HERRAMIENTAS. Así, los coaches “acomplejados” son de dos tipos:

A. Coaches con complejo de inferioridad.
Reclaman herramientas propias del coaching.
Idea: “si no tengo herramientas soy menos que los otros profesionales

B. Coaches con complejo de superioridad.
Reclaman herramientas multidisciplinarias.
Idea: “si tengo herramientas de todo tipo seré mejor que esos otros profesionales“).

De esta manera, la tendencia general en los cursos de formación de coaching deriva en un desprecio por la propia teoría del coaching en pro de un “maletín de herramientas que de alguna manera permita al futuro coach enfrentarse al mercado.


3. Cientificismo metodológico (o cientismo) en coaching

La explicación de esta tendencia la encontramos en la propia tendencia histórica de los profesionales de las ciencias “no naturales“. El cientificismo metodológico (problema epistemológico de antaño) esta invadiendo al coaching de manera abrupta.

En relación con éste, podemos hablar de otro Cientifismo de carácter más metodológico, que tiende a considerar el método cuantitativo y experimental de las ciencias físico-naturales como el único válido en todas las esferas del saber, también en las ciencias humanas. El espíritu y los métodos de esas ciencias deberían ser extendidos, según esta mentalidad, a todos los dominios de la vida intelectual y moral sin excepción. Este tipo de Cientifismo no acepta, por tanto, como conocimiento válido, más que las adquisiciones de las ciencias llamadas “positivas” (las ciencias formales y las ciencias naturales); y no reconoce a la razón otro papel que el que representa en la constitución de las ciencia
Cientifismo. (2008, 23) de febrero. Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 08:56, marzo 7, 2008 de este vínculo.

Esto puede explicarse, en términos sencillos y divulgativos, de la siguiente manera. La idea imperante es que, si el carpintero tiene herramientas sin las cuales no podría ejercer su profesión (un carpintero sin madera no merece ser llamado siquiera “carpintero“), así también ocurre con el coach (lo mismo cabría decirse, aseguran, de un ingeniero, arquitecto, biólogo, físico, médico, etc).

El principal problema de este pensamiento es una profunda ignorancia sobre las diferencias epistemológicas de las ciencias naturales respecto de las sociales. El problema radica en que un coach no hace muebles, ni puentes, ni cura enfermedades, ni hace clonaciones, etc. En todas estas disciplinas la información y los elementos de trabajo están “dados”, son susceptibles de medición, comparación y experimentación. Estamos hablando de una realidad relativamente estática y permanente, capaz de ser observada, analizada y comprendida bajo los simples parámetros de causalidad.

Sin embargo en coaching (así como en todas las ciencias sociales, y gran parte de las disciplinas relativas a la mente y comportamiento humano) la realidad es muy distinta. Las intenciones, decisiones y acciones de los seres humanos no son susceptibles de experimentación, medición, análisis u observación cual científico natural. Los pensamientos son subjetivos, las acciones aleatorias, los comportamientos indeterminables, y el futuro impredecible. De aquí que el valor de las HERRAMIENTAS de trabajo de un carpintero o científico natural no puede juzgarse de igual manera (en relación a sus medios y fines) que para un científico social, un “profesional” de la mente humana o un coach.


4. El valor real de las herramientas de trabajo

El coach con “complejo de inferioridad” debe comprender la validez necesaria y suficiente del propio marco teórico del coaching como disciplina distintiva respecto de cualquier otro proceso de ayuda. Es en base a dicho marco teórico sobre la que debe, en última instancia, apoyar toda su práctica profesional (este marco teórico debe estar fundamentado en la práctica “no directiva” y “no intervencionista” sobre sus clientes).

El coach con “complejo de superioridad” debe comprender que las herramientas de consultoría, psicología (pretendidamente natural), o de cualquier otra disciplina que pretenda medir, comparar, experimentar y predecir el futuro, más que una ayuda a la profesión puede resultar (y generalmente así sucede) contraproducente para el propio proceso de coaching de carácter eminentemente subjetivo, creativo y espontáneo.

4.1. ¿Y dónde quedan las herramientas?

El lector no debiera mal interpretar mi posición al respecto. El microscopio, el martillo o el bisturí tienen su utilidad sólo en su contexto. Mi crítica no está dirigida a las herramientas en sí mismas, sino a la relación de éstas con el contexto de uso (teniéndolas en cuenta como un “medio” para un “fin” determinado). Los FINES del coaching no se consiguen con el uso de dichas herramientas, porque la naturaleza, y objeto de desarrollo del proceso del coaching está enmarcado en un proceso subjetivo, creativo y espontáneo muchas veces contrario a este tipo de instrumentos.

Por tanto, sólo debieran ser útiles aquellas “herramientas” que procuren respetar la subjetividad, creatividad y espontnaneidad del cliente, y desechar cualquier otro instrumento o herramienta que pretenda predecir el futuro, marcar pautas de comportamiento o determinar las ideas y pensamientos del cliente.


Leo Ravier ®

* NOTA IMPORTANTE: Complejo: el uso de esta palabra, dentro del artículo, no pretende explicar ni sentenciar un comportamiento patológico o de trastorno real en los coaches, sino más bien, es un instrumento pedagógico que pretende tan sólo comunicar una realidad profesional que se manifiesta en el mercado y que tiene su origen en una “percepción natural” (y lógica) frente a una nueva profesión donde sus marcos teóricos no son percibidos claramente.